Ya está en los kioscos El Sur de diciembre. La nota principal del número refiere al crimen de Nora Dalmasso que "sacudió a una clase social que hasta entonces parecía vivir en una frágil caja de cristal: ahora se sabe que alcohol, sexo, infidelidad y droga forman parte del cócktel explosivo que se consume en las fiestas que la alta sociedad riocuartense organiza para combatir el aburrimiento existencial".
Hernán Vaca Narvaja.
No era una santa. Tampoco un demonio. Nora Dalmasso de Macarrón tuvo dos muertes igualmente fatales: una por asfixia -cuyo autor material se oculta a la sombra de la impunidad-; y otra social, destemplada e igualmente anónima. Después de muerta, “Norita” fue crucificada por una sociedad que vio en su trágico desenlace un castigo ejemplar a tanta lujuria. La misma gente que condena su infidelidad espera ansiosa las últimas revelaciones de la intrincada novela de su vida. Del lado oscuro de su vida, que seduce y atemoriza con la misma intensidad.
En Río Cuarto -y especialmente en villa Golf Club- ya nada es igual desde aquella fatídica tarde del 26 de noviembre, cuando un allegado a la familia Macarrón encontró el cuerpo desnudo de Nora en proceso de descomposición. Un extraño manto de silencio cubre los últimos pasos de la víctima, cuya infidelidad conyugal parece condenarla a la vejación perpetua. Tal vez porque esa misma infidelidad es una práctica más habitual de lo que muchos creen entre algunas de las familias que viven en uno de los barrios más exclusivos de la ciudad.
El hallazgo del cuerpo de Nora Dalmasso, desnudo y con el cinto de la bata anudado en el cuello, sacudió a una clase social que hasta entonces parecía vivir en una frágil caja de cristal: ahora se sabe que alcohol, sexo, infidelidad y droga forman parte del cócktel explosivo que se consume en las fiestas que la alta sociedad riocuartense organiza para combatir el aburrimiento existencial que produce el tenerlo todo al alcance de la mano.
Los códigos del Golf, el “de eso no se habla”, potenciaron una usina de rumores que en nada ayuda a la investigación. Se hicieron todo tipo de conjeturas hasta que la autopsia desmintió que la causa de la muerte hubiera sido un accidente en un juego sexual (hipofixia) y determinó que se trató en cambio de un homicidio. La víctima murió estrangulada: fue asfixiada con el cinto de su bata y por dos poderosas manos que se aferraron a su cuello.
El silencio y el recato rodearon la misteriosa muerte. Callaron las amigas que compartieron la última cena con Nora -las “congresistas”, como las denominó con ironía Canal 13 de Buenos Aires-; callaron los allegados a la familia Macarrón y hasta calló el propio viudo, que después de diez días de impenetrable hermetismo enfrentó los micrófonos de la prensa de todo el país para anunciar que volverá a atender a sus pacientes en el consultorio y seguirá viviendo en su casa de Villa Golf. “Yo no soy culpable de nada”; “a Norita la perdonamos”; “Voy a seguir viviendo en mi casa del Golf”, fueron algunas de las frases quepronunció Marcelo Macarrón, rodeado de micrófonos y acompañado por su hijo y su amigo Daniel Lacase, hasta ese día su vocero ante los medios de comunicación.
- Usted me pregunta eso porque no es de Río Cuarto-, le espetó Macarrón, ofuscado, al periodista Mario Masachesi, paradójicamente un riocuartense enviado a cubrir el crimen de Nora Dalmasso por Canal 13 de Buenos Aires, cuando le preguntó si creía que él mismo era investigado por el crimen de su esposa.
En realidad, la pregunta de Masachessi deberían habérsela realizado antes los fiscales Di Santo y Moine si realmente, como dijeron, no descartan a priori ninguna hipótesis en la investigación. De hecho, el único actor de esta tragedia que tenía un aparente móvil para el crimen es el propio Macarrón, que bien podría haber sentido peligrar su status social por la conducta impropia de su esposa, dueña de una doble vida que ya alimentaba la siempre lista usina de rumores de Río Cuarto antes del crimen.
Quién conocía a Nora Dalmasso en la intimidad podía suponer que su conducta sería predecible: esa noche estaba sola, su marido en Uruguay, su hija en los Estados Unidos y su hijo en Córdoba. La tentación para concretar un encuentro íntimo en un contexto tan favorable sería muy grande. Es llamativo también que Macarrón no se haya constituído como querellante en la causa, ni haya buscado un abogado penalista para seguir de cerca la investigación. Por el contrario, fue el laboralista Daniel Lacase, en su doble condición de abogado y amigo de Macarrón, quien ofició de nexo con los fiscales, el fiscal General de la Provincia, la cúpula policial y hasta el propio gobernador José Manuel De la Sota.
¿La Fiscalía investiga también al esposo de la víctima? En los primeros diez días de la investigación todo parecía indicar que no. Cuando Macarrón rompió el silencio, sus propias contradicciones habrían motivado que los investigadores orientaran también las pesquizas hacia sus últimos movimientos y especialmente hacia el movimiento de sus cuentas bancarias y el presunto seguro de vida de su esposa. Este giro en la investigación sería la verdadera causa del pico de presión que padeció el viudo de Nora Dalmasso al otro día de hablar con la prensa.
BUSCANDO AL AMANTE La escena del crimen dejó muchos elementos para comenzar la investigación. Tal vez demasiados y de tal forma que ellos mismos orientan el rumbo de la investigación. Descartado el robo, el accidente producto de un juego sexual y, en menor medida, la violación, quedan sólo dos hipótesis razonables en pie: la pasional y la del crimen por encargo.
Al cierre de esta edición, la Fiscalía esperaba los resultados de las pericias y exámenes de ADN que permitirían saber si hubo una o más personas en la vivienda de Nora Dalmasso la madrugada del crimen. Ese dato es fundamental para que los investigadores se inclinen por una u otra hipótesis. Para la primera, el móvil es difuso. ¿Una venganza entre amantes? ¿Una reacción desmedida producto de una discusión? ¿La necesidad de callar a la víctima ante la posibilidad de que divulgara su relación extramatrimonial? Ninguna parece tener entidad suficiente para justificar un crimen. Sin embargo, la Fiscalía parece haberse aferrado a esa hipótesis, que por otra parte siempre es la menos incómoda para el poder político. Las “cuestiones de polleras” son moneda corriente en las causas resonantes que rozan al poder político cordobés. Basta con recordar la historia oficial que repetían los funcionarios de Eduardo Angeloz -incluido el ex legislador y principal imputado Luis Medina Allende- cuando asesinaron al ex senador Regino Maders.
¿Tiene condimentos políticos el crimen de Nora Dalmasso? Tiene. El funcionario Alberto Bertea compartió una cena la misma noche del crimen con quien hasta ahora es el único imputado en la causa, el abogado Rafael Magnasco. Y pese a ser el funcionario que debería tener un nexo más directo con las fuerzas policiales -es el Secretario de Seguridad de la Provincia-, Bertea deslizó desde el principio que se había tratado de una violación, algo que relativizaron -aunque no descartaron- las pericias realizadas por los médicos forenses en el cuerpo de la víctima. “Hubo sexo violento, pero consentido”, dedujeron los especialistas. No obstante esta presunción, ante el fuerte rumor que vinculaba a Magnasco con Dora Dalmasso, Bertea le ordenó a su asesor que se presentara en Tribunales. El abogado terminó “escrachado” en Tribunales, donde concurrió para someterse a un examen de ADN y así probar que, al menos la noche del crimen, no estuvo con la víctima. ¿Porqué tanto apuro por desprenderse de un funcionario “de tercera línea” señalado sólo por rumores como presunto amante de Nora Dalmasso? ¿Qué necesidad había de entregarlo a las fauces del insaciable lobo mediático? ¿De qué tiene miedo Alberto Bertea? ¿Cómo es posible que el Gobierno sacrifique a un funcionario de “tercera línea” y en cambio mantenga a su secretario de Seguridad cuando la principal lista de sospechosos está integrada por quienes compartieron con él un asado en una quinta de Banda Norte? (Nota de Sosperiodista: Al momento del envío de impresión de este ejemplar, Bertea aún no había renunciado)
Además de Bertea y Magnasco, en ese asado estaban Nicolás Curchod (el anfitrión, designado secretario de Faltas Gravísimas del Tribunal de Conducta Policial por el propio Bertea), el ex funcionario del Edecom que tuvo que renunciar por no pasar un control de alcoholemia, Ramiro Ferreyra, el militante menemista Esteban Gómez, Mariano Torres y Víctor Daniele. Todos integran, de alguna manera, la lista de sospechosos “leves” que tienen en su poder los fiscales y que incluye también a los asistentes a otras dos fiestas en Villa Golf: un casamiento en quincho del Club y otra en el domicilio de Sebastián Durani.
Alberto Bertea y Alfonso Mosquera -otro de los amigos de Macarrón que viajó a Punta del Este junto al traumatólogo y Daniel Lacase, Marcelo Nagli, Gustavo Gagna, Osvaldo Carmine, Ricardo Ruiz, Carlos Garro, Daniel Bonino, Salvador de León, Daniel Ruiz, Guillermo Masciarelli, Justo César Magnasco y Guillermo Albarracín- fueron dos de los mayores exponentes del menemismo riocuartense. Y es conocido el viejo enfrentamiento entre el actual secretario de Seguridad y Lacase, quien también militó en el menemismo, pero de la mano del ex Secretario de Drogadicción de la Nación, Julio César Aráoz. Hay viejas rencillas que nutren una pelea que bien podría extenderse sobre el cadáver de Nora Dalmasso y que podría terminar salpicando al Gobierno, que hasta ahora ha mostrado reflejos rápidos al enviar al fiscal General de la Provincia, Gustavo Vidal Lascano (un adversario político de Bertea) y al jefe de la División Homicidios de Córdoba, Rafael Sosa, pero que podría complicarse si el tiempo sigue pasando y la Justicia no logra dar con el homicida.
El abogado Alejandro Severín, en representación del “Sindicato de Policías”, presentó un absurdo pedido para que todos los políticos mencionados en la ola de rumores que rodea al caso se hagan un examen de ADN. La presencia del polémico abogado del represor Albano Harguindeguy fue una clara señal de que hay sectores dispuestos a “embarrar la cancha” y perjudicar a un Gobierno que hasta ahora cerró filas con Macarrón y se inclinó, al igual que los fiscales, por la hipótesis del crimen pasional. Que, de las dos hipótesis que todavía se mantienen en pie, es la que resulta políticamente más correcta para una provincia que se jacta de no padecer los problemas de inseguridad que mantienen en vilo a porteños y bonaerenses.
Magnasco fue la primera víctima de la hoguera de rumores que comenzó a consumir a varios de los apellidos más tradicionales de Río Cuarto. Le siguió, curiosamente, otro profesional “exitoso”, también vinculados al poder político: Guillermo Albarracín (ex socio del intendente Benigno Rins cuando éste compartía su estudio con su ex fiscal municipal Pedro Rossi Jaume) confesó ante los fiscales y la policía que era amante de Dora Dalmasso. Y admitió que ambos intercambiaron mensajes de texto subidos de tono mientras el primero compartía una cena en Punta del Este con el esposo de Nora. “Yo a veces llegaba a mi casa después de muchas horas de trabajo en el consultorio y encontraba a Norita con Albarracín y mis hijos”, dijo con tono candoroso Macarrón en su primera conferencia de prensa, a diez días del crimen de su esposa.
El cinismo de los vecinos hermanados por el golf parece no tener límites. Al igual que la lista de los presuntos amantes de Nora, que sigue sumando apellidos “ilustres” de la alta sociedad riocuartense bajo la presunción de que el asesino es un conocido de la víctima. En el expediente hay al menos otros cuatro nombres -un contador, dos abogados y un empresario-, que podrían multiplicarse conforme el cruce de llamados telefónicos arroje nuevas sospechas sobre las probables infidelidades de Dalmasso. Paradójicamente, la actuación de la Fiscalía alimenta los rumores que los medios reproducen y amplifican hasta el paroxismo. Hasta ahora, la pesquisa judicial y policial está orientada a descubrir quién era el amante de la víctima, aunque éste no necesariamente haya sido también su victimario. Del asesino o del posible móvil del asesinato, en cambio, no parece haber pistas firmes.
(Puede leer la versión completa en la edición impresa de revista El Sur, de venta en los kioscos de Córdoba capital, Río Cuarto y sur de la provincia de Córdoba)
18/12/06
La bocas de urna y la doble moral de los medios de Córdoba
Medios de comunicación de Córdoba violaron la ley electoral que prohíbe difundir resultados de encuesta a boca de urna hasta tres horas después de cerrado el comicio. El Canal 10 de la Universidad Nacional de Córdoba informó a las 18 horas que los resultados de una encuesta a boca de urna propia hablan de una "amplia ventaja de De la Sota" sobre Juez y Aguad. También hizo lo propio Radio Cadena 3 que en su sitio web reveló que el candidato de Unión por Córdoba estaría logrando "una importante diferencia". Es una vergüenza que los mismos medios de comunicación que se ufanan de ser los custodios de la ley cuando ésta es ignorada, manoseada o violada por los políticos de turno, tengan también como éstos una doble moral que los lleva temerariamente a violarla sin pudor en nombre de una falsa primicia informativa. Esto porque la verdadera primicia surgirá de la auténtica encuesta que es el escrutinio de los votos, mesa por mesa y urna por urna. Es muy grave que uno de los medios que cometió la imprudencia de desconocer la ley electoral sea el de la Universidad, más cuando su rectora -Carolina Scotto- participó en la comisión que propuso la nueva reforma electoral. Bien el informativo de Canal 8, que no se plegó a la ilegalidad, y mal Canal 12 que se subió a la euforia noticiosa con un cartelito en la pantalla donde se leía: "Tendencia: Ganaría De la Sota".
El “estilo de Gente”.
(…)Colaboró a exhibir a su público a una Junta Militar con corazón. Se arrepintió de sus adhesiones a los gobiernos de Cámpora y Perón. Ahí creyeron, como todos que se venía una época nueva y duradera. Elogiaron a la Jotapé. A Cámpora. Alabaron a Perón. Luego se fueron sorprendiendo. Luego lloraron a Perón. Y Luego se quedaron a la espera:¿Cómo se resuelve esto?. No bien se resolvió se transformaron en el órgano periodístico del Proceso.(…)
(…)La dictadura de los desaparecedores termina de un modo oprobioso, pero lento. Los militares se toman un año y medio para entregar el poder. Durante ese tiempo, Gente empieza a girar hacia la democracia. Se interesa por la figura del Dr. Alfonsín. Por el proceso eleccionario. Elogia la libertad, la falta de censura, la ausencia de una represión que fue – quién podria dudarlo, dicen- excesiva. Gente zafa, siempre zafa. El boludaje la sigue comprando. Nunca se dan cuenta de nada. (…)
Pero, digo yo, al final ¿con quién están?. A ese señor habría que decirle :”Están con los que estuvo siempre usted ¿no se da cuenta?. Usted pequeño burgués argentimedio, no solo lee Gente, es Gente, es la gente la que lee Gente, porque Gente la expresa.
Expresa esa profunda, insondable pelotudez y esa cobardía infinita que anida en el alma del hombre medio argentino.
Ellos lo saben. Por eso hacen la revista que hacen (…)
JOSÉ PABLO FEINMANN. -EL FLACO. Diálogos irreverentes con Néstor Kirchner. PLANETA, JUNIO 2011
En La Décima de febrero, la zona sur después de la tormenta del 30 de enero. La emergencia expuso las deficiencias estructurales,la responsabilidad y la desidia estatal y la consecuencia del desarrollo inmobiliario descontrolado. Además: Mujeres hartas de la violencia: en sólo tres meses, huno 500 exclusiones de hogar. Y Más. Ingrese y baje La Décima en PDF.