
La aparición de los restos del pequeño Alejandro Flores reafirmó la única hipótesis que tuvo la causa a lo largo de sus increíbles 17 años de instrucción: el niño habría sido atropellado por un móvil policial y, una vez muerto, enterrado en un lugar secreto con la idea de que desapareciera para siempre, como sucedió con tantos argentinos.
El tesón de sus padres en la búsqueda, el testimonio de un policía conmovido por lo tenebroso del hecho y el de una enfermera que lleva como una cruz el peso de su propia conciencia terminaron convirtiendo la imagen del pequeño en un ícono contra la impunidad.
Cerrada la etapa de la búsqueda del cuerpo, los padres de Ale Flores comienzan a transitar ahora un camino menos angustiante pero igualmente sinuoso: la búsqueda de justicia para que los asesinos de su hijo paguen por el crimen y el atroz ocultamiento del cadáver.
El voluminoso expediente del caso Flores estuvo cuatro años en manos de la jueza de menores Zulamita Montiel de Cocco, que carecía de facultades investigativas; luego, a raíz de la denuncia del policía Jorge Muo, pasó a manos del controvertido fiscal José Luis Cerioni, a quien se atribuye buena parte de la responsabilidad -o irresponsabilidad- de no haber sabido valorar los testimonios más importantes y haber dejado la investigación en manos de la Policía, cuando existían indicios de que era la propia institución policial la que estaba desviando la investigación para encubrir a sus hombres.
Los sospechosos de entonces y de ahora son Mario Gaumet y Gustavo Funes, a quienes se sumó en el último tiempo Jorge Avila, hermano de Mauro Avila, subjefe de la Departamental Río Cuarto al momento del accidente que habría terminado con la vida del pequeño Flores. De los tres, el único que todavía trabaja en la Policía de Córdoba -más concretamente en el grupo ETER- es Funes. Avila se habría retirado y Gaumet es director de una agencia de seguridad privada (ver página 8).
Las pruebas
¿Qué pruebas existen en la causa contra los tres policías acusados públicamente por los padres de Ale Flores? Básicamente dos declaraciones testimoniales: la del ex policía Jorge Muo y la de la enfermera Norma Nieto. El primero se enteró de lo sucedido por terceros y, conmovido por el pedido de Rosa Arias a través de la televisión en el cuarto aniversario de la desaparición de su hijo, llamó a la jueza de menores para aportar los datos que había escuchado casi casualmente.
Muo declaró por primera vez en la causa el 15 de septiembre de 1995 ante el fiscal Cerioni. En aquella oportunidad dijo que su compañero Jorge Ferreira había comentado en la mesa familiar que nunca iban a encontrar al niño desaparecido porque en realidad lo había atropellado un móvil policial y habían enterrado el cuerpo en un terreno baldío ubicado en la calle Carlos Rodríguez. Cerioni ordenó que se realizaran excavaciones en el lugar, a metros de donde fue visto Ale por última vez, pero el cuerpo nunca apareció. Muo recordó además haber visto a Funes y Gaumet manejando el “Halcón 5” aquella tarde tormentosa de 1991 y precisó que ambos oficiales habían entrado a la comisaría para retirar una pala, hecho que le llamó la atención, pero que recién años después relacionaría con la desaparición de Ale Flores.
Apenas trascendió la declaración de Muo ante el fiscal Cerioni, la vida del oficial se convirtió en un infierno: las amenazas y presiones se hicieron insostenibles y el testigo terminó siendo expulsado de la fuerza. El fiscal ordenó un careo entre Muo y Ferreira, del que no informó a los padres, que eran querellantes en la causa. Según le contaría el atribulado oficial tiempo después a Víctor Flores, en ese careo Ferreira habría apoyado una pistola sobre su sien ante la mirada impasible del entonces secretario del fiscal, Fernando Moine. Obviamente, Muo se desdijo de todo lo que había declarado en su primera visita a Tribunales. Fue imputado por falso testimonio por el fiscal Cerioni y al poco tiempo renunció a la Policía. Por las amenazas tuvo que emigrar de Río Cuarto y se radicó un tiempo en La Pampa.
El otro testimonio clave en la causa es el de la enfermera Norma Nieto. El fiscal Cerioni ni siquiera la citó a declarar. Pero el padre del pequeño Ale, Víctor Flores, logró convencerla de que confesara todo lo que sabía. Ella no solamente admitió que el niño había sido atropellado por un móvil policial, sino que además dijo que en ese vehículo iban Funes y Gaumet.
(Puede leer la nota completa en la edición impresa de revista El Sur de octubre, de venta en kioscos de Córdoba, Villa María, Río Cuarto y zona de influencia)
15/10/08
Recomendar esta nota...y nos spreguntamos PORQUE NO HAY JUSTICIA???...porque tenemos la mafia metida en el poder judicial...
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