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El paraíso desapareció con la TV, no con los gringos /

El paraíso desapareció con la TV, no con los gringos

Un periodista ciudadano responde desde Tilcara al artículo "Quebrada de Humahuaca, paraíso en peligro" publicado en la revista Viva (Clarin) por el periodista Pablo Calvo. El autor de esta nota asegura sentirse cansado de que "cualquiera por el simple hecho de haber pasado un rato" por la Quebrada aliente a través de textos periodísticos la imagen del "pobre kolla" jodido por "el gringo". No todo es lo que parece.


Oscar Branchesi (Tilcara, Jujuy)

En referencia al artículo Quebrada de Humahuaca, paraíso en peligro publicado en la revista Viva del diario Clarin.


Vivo desde hace 20 años en Tilcara. Siento que esto me autoriza a hacer un comentario a “Quebrada de Humahuaca, paraíso en peligro”, que se publicara en esa revista.

Como periodista, debería saber que no hay UNA realidad. La realidad se compone de pequeños fragmentos, que cambian según desde donde mire.

Lamentablemente, en la nota -el periodista Pablo Calvo- toma sólo la parte periodísticamente fácil de esa realidad (la del golpe bajo, la que vende, la que la gente quiere leer) y, quizás por no haberse informado lo suficiente, comete dos errores muy grandes.

El primero de ellos es cargarle la culpa de todos los cambios en la Quebrada de Humahuaca a la Declaración de Patrimonio de la Humanidad, cuando no es así. Es entendible que esa idea forme parte de una percepción popular, pero es inaceptable que la mantenga un periodista que debería haber investigado y usado su sentido común antes de escribir una nota de esta naturaleza.

Aunque no me gusta y sea tedioso, voy a tener que “desmenuzar” la nota, para mostrarle a los lectores otra cara de la realidad, porque muchas de las cosas que se dicen son ciertas, pero su real origen es muy diferente.

Existen cables telefónicos que molestan la vista, pero si usted se hubiera tomado el mínimo trabajo de consultar la guía de Telecom, habría visto que algo así como el 95% de los usuarios son familias lugareñas no vinculadas con el turismo (otro tanto sucede con la televisión por cable). Además: ¿le preguntó a los quebradeños si prefieren los antiguos teléfonos compartidos y las viejas centralitas con clavijas y demoras de cinco horas o les gusta más apretar teclitas y comunicarse?

En la nota se habla de la construcción de alojamientos. No se dice que la casi totalidad de los alojamientos que se construyeron no son hoteles, sino pequeños emprendimientos de seis a ocho habitaciones, manejados por sus dueños, que viven en la Quebrada. Habla, también, de “alojamientos construidos sobre acequias y canales de riego”: ¿Cuáles son, que yo no conozco ninguno?

El aumento del número de turistas y la construcción de nuevos hospedajes (fenómeno que se da en toda Argentina) se debe, exclusivamente, a un reacomodamiento que se da en el sector turístico a partir de la desaparición de la paridad cambiaria. Nadie viene a la Quebrada de Humahuaca porque es Patrimonio de la Humanidad y, menos todavía, nadie invierte en un lugar sólo porque es Patrimonio (esto es una cuestión elemental que debería haber pasado por su cabeza): si la famosa Declaratoria hubiese sido en la época del uno a uno, no se habría construido un solo hospedaje.

El crecimiento desordenado y la falta de agua vienen de hace muchos (muchísimos) años y, es cierto, el problema de la basura se agudizó últimamente, pero esto es consecuencia, más que del turismo, de un crecimiento abrumador de estas localidades: Tilcara pasó de 2.919 habitantes en 1991 a 4.364 en 2001 (antes de la Declaratoria).

El bullicio proviene, en buena parte de ese crecimiento y, en otra gran parte del incremento en la circulación de vehículos (propiedad de los lugareños), de la música de los bailes (organizados por lugareños y destinados a lugareños) o de los puestos de venta de CD (también de lugareños).

Es cierto que hay algún restaurante recién abierto por gente venida de otro sitio, pero usted parece ignorar que hay muchísimos que están funcionando desde hace años, con un excelente servicio, con personal que se capacita constantemente y un total conocimiento de lo que sirven.

Los carteles de “Prohibido el paso. Propiedad privada” los ponen los propietarios lugareños. Dentro del contexto de la nota, omitir esta declaración, lleva a pensar que son los “gringos ventajeros” los que los ponen. De paso: ¿quiénes son estos “gringos ventajeros” que pretenden quedarse con tierras que no les pertenecen? Obviamente que no son emprendedores turísticos, por la sencilla razón de que nadie, en su sano juicio, construiría un alojamiento en un terreno que pudiera ocasionar futuros conflictos (el terreno es una parte pequeñísima de la inversión).

Los problemas de propiedad vienen de lejos (por operaciones hechas “de palabra”, gente que se instala en terrenos fiscales o supuestamente fiscales, caseros o familiares que se adueñan de propiedades de personas fallecidas, políticos que regalaron tierras indebidamente, dueños ausentes o que no pagan los impuestos y muchas otras situaciones que el periodista no alcanzó a enterarse).

Ahora, muchos de estos conflictos han salido a la luz y se han generado otros nuevos. Desconozco la total dimensión del problema, pero me pregunto: ¿cuánto de lo que se dice es cierto y cuánto producto del rumor de la calle? Porque hoy, para la visión popular, cualquier nuevo propietario es un usurpador (aunque haya comprado sus tierras legítimamente) ¿Qué casos investigó usted para saber cómo y cuándo se originaban?

Puede ser que haya consultas de extranjeros para compras de tierras, pero ¿cuántos de ellos efectivizaron compras? Yo le diría que ninguno, porque aquí (a diferencia de Patagonia) las superficies de los inmuebles son muy pequeñas (insignificantes, si comparamos con otras provincias) y no generan gran interés. Tampoco tenemos un nivel turístico que aliente a los inversionistas internacionales.

Se habla de la construcción de piletas, pero, si la memoria no me falla, hay sólo cinco o seis alojamientos con pileta en toda la Quebrada (dos de ellos de construcción provincial). Curiosamente, no se dice nada de los que gastan incontables litros de agua regando calles que, por razones de clima, a los cinco minutos vuelven a estar polvorientas.

¿Cuáles son los telares que antes había donde ahora hay un ciber? Sería interesante que hiciera una lista de los telares existentes hace cinco o diez años, así vería que ahora, gracias a un turismo medianamente comprador ¡hay muchos más! De paso: la mayoría de los usuarios de los ciber son niños lugareños enganchados a jueguitos.

Aunque haya algún chofer versero que busque la propina, hay mucha gente que conoce la geografía, la historia y la cultura del lugar. Sólo hay que buscarlos.

El segundo gran error del artículo es hablar de un “Paraíso en peligro”: no hay un paraíso en peligro, por la sencilla razón de que ¡el paraíso ya no existe! Se terminó de morir, mucho antes de la declaratoria, cuando los quebradeños decidieron comerse el último trozo de una manzana que les ofrecía, no una serpiente, sino la televisión.

También es extraño (llamativamente extraño) que para la nota no se haya entrevistado a quienes tienen la dignidad de un trabajo gracias al turismo, como tampoco a los prestadores (que tienen una Asociación que los nuclea, con su sede aquí en Tilcara). Pero, claro, ninguno de ellos encaja en la tónica lamentosa de esa nota.

Podría seguir, pero ya estoy cansado. Los que me conocen saben que estoy en contra de un crecimiento desmedido del turismo y que, desde hace años, vengo clamando por poner un límite a la cantidad de camas en la Quebrada. El turismo no es una opción perfecta, pero ¿cuál es la propuesta del autor del artículo para generar fuentes de trabajo en este país sin industrias, en una región casi sin posibilidades agrícolas y alejada de los grandes centros consumidores? ¿Se piensa seguir manteniendo a la población con Planes Trabajar? ¿Quiere que la gente viva de la caridad de aquellos que se llegan con paquetes de donaciones?

Como cierre, digo que esa nota me hizo recordar algo que me dijo, hace mucho, un abuelo tilcareño: “a los porteños se les puede decir cualquier cosa, total ellos, de nuestras cosas, no conocen nada…”. Lamentablemente, estoy cansado de porteños (y no porteños), que hablan de lo que no conocen y sólo consiguen ahondar viejos conflictos y perjudicar a quienes, aunque nacidos en otro lado, queremos y defendemos esta tierra como el más kolla de los kollas.

Al periodista le tocó la llama dura, el chofer versero, el mozo que no sabía nada: ¿no es una clara señal de que la Pachamama no lo quiere por acá?

Nota de Sosperiodista: El autor reside en Tilcara desde 1987 y presta servicios de guía en la Quebrada de Humahuaca y Peña jujeña.

18/01/07


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Jaime André Otter

Hace años que golondrinas de la prensa argentina inventan historias y compran pescado podrido, tal vez sea un buen negocio para algunos; pero lo mas triste es que un medio tan importante no supervise los fundamentos de ciertas notas.



agustina

muy buena la nota, recomendable para doña rosa alarmista que leyo la viva, y para uno que se queda muchas veces con lo que le dijo doña rosa. Independientemente de cual sea LA VERDAD, aunque no hay tal cosa.




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