Carlos Alberto Marrero es un emblema del funcionario exitoso de la década del noventa. Llegó a la función pública desde la actividad privada y tuvo un importante crecimiento patrimonial, pese a que no tiene nada registrado a su nombre. Eludió hasta donde pudo el pago de impuestos (provinciales, nacionales y municipales), hasta que la Justicia lo obligó a pagar. Desde su cargo de gerente de uno de los hoteles más prestigiosos de Río Cuarto, tejió una red de relaciones que lo llevaron a dirigir la agencia Córdoba Turismo. A pesar de ser un histórico deudor del fisco, hoy decide sobre un presupuesto anual de 220 millones de pesos como director de Lotería de Córdoba.
Hernán Vaca Narvaja.
Marrero no figura como concesionario del hotel Opera, pero sigue manejando su administración desde las sombras. Su esposa, Norma Esther Marchiscio de Marrero, controlaría la administración.
Hace seis años que los verdaderos propietarios del hotel –la sociedad Opera Hotel S.A.-, le piden a Marrero y su gente que se vaya. Hace cuatro años que la Justicia de Río Cuarto dilata una definición, mientras los dueños del hotel perciben un ridículo canon de cinco mil quinientos pesos mensuales. Solamente en diferencia de canon mensual hasta la fecha, la demora de la Justicia en decretar el desalojo ha generado a los propietarios un perjuicio económico que supera el millón de pesos. Justicia lenta no es Justicia, dice el refrán popular.
En el caso del hotel Opera, las permanentes dilaciones avaladas por la Justicia para concretar un desalojo -que debería ser un trámite expeditivo- llaman a sospecha. También los actores intervinientes: tres de los estudios jurídicos más influyentes de la ciudad (Lacase, Rossi Jaume y Cendoya) han tenido alguna participación en la disputa judicial entre los concesionarios y los dueños del hotel. Y la demora del juez José Antonio Peralta en resolver un desalojo contrasta con su celeridad en dictaminar sobre un tema menor: en cuestión de meses, el magistrado obligó a una liga amateur de fútbol a dejar sin efecto la sanción impuesta al abogado Pedro Rossi Jaume (h), expulsado de las canchas por violento. El juez tiene curiosas prioridades.
El hotel Opera es un símbolo de Río Cuarto. Su prestigio ha perdurado durante décadas. Es una referencia obligada para los turistas que visitan la ciudad o para los viajantes que la frecuentan. La mayoría de los periodistas que llegaron a Río Cuarto para cubrir las alternativas del caso Dalmasso se alojaron allí. También los policías que arribaron desde Córdoba para investigar el crimen de Nora Dalmasso y terminaron acusando a un “perejil” para cerrar una causa que amenazaba carcomer los cimientos del poder político. El fiscal Julio Rivero imputó a esos policías por el delito de “admisión de dádivas”, pero no pudo establecer quién fue el dadivoso que ofreció pagarles la estadía. Un conserje del hotel admitió en una cámara oculta que los gastos corrían por cuenta del entonces vocero de la familia Macarrón, Daniel Lacase, amigo y abogado de Marrero.
La disputa por el hotel Opera trasciende la pelea entre propietarios y concesionarios: es un espejo institucional que refleja la trama más perversa del Poder Judicial de Río Cuarto. Abogados que adulteran boletas de depósito, expedientes que “desaparecen”, resoluciones express y dilaciones injustificadas conforman una cadena de irregularidades que ahondan la sospecha popular sobre la debilidad (o connivencia) de los magistrados frente al lobby de los poderosos.
A pesar de no tener nada a su nombre y no figurar formalmente en la sociedad que hoy se niega a abandonar el Hotel Opera, el actual director de Lotería de Córdoba, Carlos Marrero, es el verdadero artífice de una usurpación que la Justicia, por acción y omisión, terminó legitimando.
Rodolfo Roberts, un desconocido del mundo de la hotelería, decide en lo formal el destino de un hotel que constituye un símbolo para Río Cuarto. Roberts y Marrero tendrían que haber abandonado el hotel Opera hace seis años, cuando venció el contrato de concesión con Corporación Internacional Sociedad Anónima (CISA). Y aunque Marrero dice que no tiene nada que ver con el hotel, CISA fijó domicilio en el mismo lugar (Charcas 4160, 1º piso oficina 7, en Capital Federal) en el que figura la sociedad “CM Hotelera S.A.”, de la que el director de Lotería de Córdoba es presidente (o al menos lo era en 1997).
“Yo no tengo nada que ver”
Conseguir el teléfono de Carlos Marrero no es tarea difícil. Basta con pedirlo en el hotel Opera. “¿Padre o hijo?”, preguntan en conserjería. Y anotan gentilmente el número telefónico directo de la Lotería de Córdoba en uno de los papelitos de mensajería. Un segundo llamado permite incluso conseguir el número del teléfono celular de Marrero, que contesta sin intermediarios:
- No tengo ninguna vinculación con el hotel Opera-, responde ante la consulta de El Sur - ¿Y entonces con quién hay que hablar? - No sé... con Roberts-, indica Marrero.
Rodolfo Guillermo Roberts figura, según el año, como apoderado o presidente de CISA, la extraña sociedad anónima que reemplazó a “Hoteles del Sur” (propiedad del matrimonio Marrero) como concesionaria del hotel Opera. Pero Roberts tampoco quiere hablar de la disputa judicial. “Es un tema muy complejo, tendría que hablar con el doctor Rossi Jaume, que es nuestro abogado”, sugiere. En realidad, Rossi Jaume es sólo uno de los abogados de Marrero y Roberts. “Yo los asesoro en algunos temas, pero el juicio de desalojo lo lleva el doctor Fernández, del estudio Cendoya”, apunta Rossi Jaume. Y se ofrece a contactar a los abogados que llevan adelante una convocatoria de acreedores en la Capital Federal. También Daniel Lacase patrocina a CISA y Marrero en otros juicios del ámbito laboral.
O Corporación Internacional tiene demasiados problemas judiciales, o Marrero tiene muchos amigos en el foro local. No es habitual que un simple concesionaro de un hotel cuente con los servicios de tres de los estudios jurídicos más influyentes y costosos de Río Cuarto.
El compañero hotelero
Carlos Alberto Marrero nació el Día de la Lealtad. Fue un 17 de octubre de 1951. Hombre que se muestra afable y amiguero, solía reunir a los suyos en su oficina del hotel para festejar su cumpleaños con la liturgia peronista. Era una mezcla de agradecimiento al peronismo y de ironía por su falta de vocación política y su nula militancia en el movimiento nacional. En realidad, el primer cargo público que detentó Marrero fue en un gobierno “gorila” y antidemocrático, cuando los dictadores del tristemente célebre “Proceso de Reorganización Nacional” designaron comisionado municipal en Río Cuarto a Fernando Héctor Bertolone.
Hijo de José Alberto Marrero y Clyde Norma Simioni, Marrero cursó sus estudios de bachiller en el colegio Mariano Moreno, de la provincia de Buenos Aires y se casó con Norma Esther Marchiscio, con quien tuvo cuatro hijos: María Fernanda, Carlos Mariano, Alejandro Matías y María Belén. Fue un excelente jugador de básquetbol. En su vitrina personal exhibe dos trofeos históricos: los campeonatos de primera división que Acción Juvenil se adjudicó en los primeros años de la década del setenta. Es un hábil relacionista público, pero suele irse de boca, especialmente cuando algo (o alguien) le molesta. Le gusta el dinero, el poder y disfruta de las prerrogativas de la función pública, como trasladarse con chofer y auto oficial en Córdoba, donde pasa la mayor parte de la semana, en Río Cuarto o en su casa de fin de semana en Alpa Corral.
Cuando Bertolone lo llevó al área de Turismo y Deportes de la Municipalidad, en 1981, Marrero ya trabajaba en el hotel Opera, donde ingresó como empleado. Pronto aprendió el oficio y se fue ganando la confianza de los directivos. Su facilidad para las relaciones públicas lo convertiría en uno de los hombres con más vinculaciones de la ciudad. De esa época se recuerdan sus reuniones con el interventor militar de la CGT y el jefe de la Aeronáutica, a quienes solía agasajar en el hotel junto al jefe del Batallón de Arsenales, Teniente Coronel Skalany.
Marrero compartía la administración del hotel con su tarea en la Municipalidad de Río Cuarto. Aunque no existió denuncia formal, hubo una polémica soterrada en torno al control de las entradas del piletón municipal (construido durante la intendencia de Humberto Mugnaini), que estaba bajo su jurisdicción. Los denunciantes sostenían que, pese a que concurrían entre tres y cuatro mil personas por fin de semana, la rendición oficial rara vez excedía las quinientas entradas.
Marrero culminó su fugaz paso por la función pública junto al intendente Bertolone, quien en diciembre de 1983 se vio obligado a cederle el gobierno del municipio a Miguel Angel Abella, primer intendente de la restauración democrática en Río Cuarto.
Marrero prefiere ocultar aquellos primeros pasos. No es “políticamente correcto” admitir que fue el comisionado militar Bertolone quien lo llevó a la función pública. El actual director de Lotería de Córdoba prefiere situar el comienzo de su carrera política en los albores del menemismo. Según refiere el libro “Hombres y mujeres de Río Cuarto”, comenzó su paso por la función pública como asesor de Turismo y Deportes de la Cámara de Diputados (1989-92) y coordinador de Turismo de la Municipalidad de Río Cuarto entre 1989 y 1993. Es curioso: en ese período gobernaron la ciudad Miguel Abella y Benigno Rins, y ninguno lo reconoce como funcionario de su gestión. La historia oficial agrega que en 1994 fue uno de los fundadores de la Fundación Deportiva Municipal Riocuartense (FUNDEMUR).
En el rubro hotelería, Marrero integró la Asociación Empresaria Hotelero-Gastronómica (vocal, 1980-82) y la Asociación de Hoteles de Turismo de la República Argentina (vocal, 1991-1996). También tuvo participación en clubes deportivos de la ciudad como Acción Juvenil (fue tesorero y fiscalizador en la época de la dictadura militar) y la Asociación Atlética Estudiantes (fue vocal entre 1988 y 1990). Entre 1989 y 1995 fue tesorero de la Cooperadora Policial de la Unidad Regional Nº 9 de Río Cuarto. También integró el Centro Comercial, Industrial y de Servicios de Río Cuarto (Cecis).
Pero su estrella política comenzaría a brillar recién con la llegada al poder de José Manuel De la Sota, a quien solía alojar en el hotel Opera cuando el por entonces candidato perdidoso del PJ recorría el sur provincial para disputarle el poder al imbatible Eduardo César Angeloz. Primero asumió responsabilidades en la zona sur de la Agencia Córdoba Turismo. Cuando su amigo Oscar Santarelli reemplazó a Carlos Caserio en Obras Públicas, Marrero, siempre listo, quedó al frente de la Agencia.
El “éxito” de su gestión le permitió cierto protagonismo mediático y un notorio crecimiento patrimonial. Se le atribuye la propiedad de una casa de fin de semana en Alpa Corral, una vivienda familiar en barrio Bimaco (Los Ceibos 2382), un departamento en la ciudad de Córdoba y otro en Capital Federal, una casa en calle Corrientes 321 y otra en Villa Dalcar, además del oneroso parque automotor utilizado por su familia, que incluye una flamante camioneta Toyota SW4 (dominio FYB630) plateada 4x4 modelo 2007, una de las más caras del mercado. Es la cuarta camioneta Toyota que cambia en los últimos cinco años.
Fiel cumplidor del decálogo del funcionario menemista, Marrero habría puesto sus bienes a nombre de terceros. “No tiene ni los hijos a su nombre”, graficó un avezado corredor inmobiliario de la ciudad, que suele frecuentarlo en el desayunador del hotel Opera.
De Turismo a Lotería
Eran tantas y tan buenas las cifras del turismo cordobés durante la gestión de Marrero que el riocuartense sonaba como número puesto para reemplazar al santacruceño Enrique Meyer en la Secretaría de Turismo de la Nación.
Corría el mes de julio del año 2005 y el país era gobernado por el actual presidente Néstor Kirchner. La muerte de la convertibilidad, paradójicamente, convirtió a la “industria sin chimeneas” en una de las más rentables del país, tanto por la masiva afluencia de turistas extranjeros como por la imposibilidad de los argentinos de viajar por el mundo con un dólar a tres pesos. El “deme dos” de José Martínez de Hoz y el “uno a uno” de Carlos Menem fue reemplazado por un fuerte impulso del turismo interno. Paradójicamente, un año después, Marrero hizo declarar la convocatoria de acreedores de la sociedad fantasma que preside su amigo Roberts, constituida con el único objetivo de regentear uno de los hoteles más exitosos de Río Cuarto.
Pese a que su estrella fulguraba en el horizonte del turismo nacional, la ascendente carrera de Marrero se eclipsó abruptamente. Bajó su exposición mediática y mantiene un bajísimo perfil desde que fue designado, hace ya más de dos años, en el directorio de Lotería de Córdoba.
En el Gobierno dicen que su designación es una especie de “exilio dorado” para culminar un ciclo exitoso; sus detractores sostienen, en cambio, que habría sido un espinoso episodio administrativo el que terminó con su carrera política.
En los balances de la Agencia Córdoba Turismo -auditados por el polémico contador “oficial” Alberto Ochoa- la gestión Marrero incrementó sensiblemente las deudas de la Agencia, que pasaron de $ 1.437.915 en el año 2004 a $ 4.008.022 en 2005. Los balances también ponen en evidencia su carácter deficitario: el cuadro de ingresos y erogaciones marca una recaudación propia de $ 1.891.556 contra un aporte estatal de $ 12.659.399.
La silla que Marrero dejó vacante en junio de 2005 fue ocupada por un incondicional de De la Sota: Carlos Alessandri, ex intendente de Embalse y por entonces ministro de Seguridad de la Provincia, que asumió con la promesa de crear un Ministerio de Turismo y Deportes, promesa que nunca cumplió. Pronto comprendió que es más conveniente administrar los recursos que genera el turismo bajo la figura de una Sociedad de Economía Mixta, que escapa al control del Tribunal de Cuentas de la Provincia.
(Puede leer la nota completa en la edición impresa de revista El Sur de septiembre, de venta en los kioscos de Córdoba, Río Cuarto, Villa María y zona de influencia)
Estos tipos son funcionarios de Jose Manuel DE LA SOTA, con semejantes nenes en su entorno como quieren que creamos que no hubo fraude. Y eso que este es un pinche habrá que urgar a los más reconocidos.
Magdalena
Efectivamente. Donde toques salta pus y salpica para todos lados.
antonio
Que pasó con mi comentario de ayer???? o es que publican lo que les conviene.
Este "SR" Vaca Narvaja escribe sin saber exactamente como ocurren las cosas y hace tapa de revistas con personas muy conocidas en la ciudad, que la mayoría son personas que la sociedad de Rio Cuarto aprecia, los denigra de una manera increible, metiéndose en su vida privada.- Por suerte es el único periodista de la ciudad( bueno,él no es de acá, reside) que la gente no le cree.-
Sus revistas no de venden, la gente no compra basura.............
Las personas que hemos nacido y vivido siempre en Rio Cuarto, sabemos quienes son estas personas que él trata como se le ocurre
por el simple hecho de intentar vender una revista más, es de la única manera que lo puede hacer ya que lo despidieron del diario
donde él trabajaba.-
NO ESTOY EN CONTRA DE LA LIBERTAD DE EXPRESION PERO SI DE LAS MENTIRAS..........
Vaca Narvaja te crees un justiciero????? me parece que mirás muchas películas...........
En La Décima de febrero, la zona sur después de la tormenta del 30 de enero. La emergencia expuso las deficiencias estructurales,la responsabilidad y la desidia estatal y la consecuencia del desarrollo inmobiliario descontrolado. Además: Mujeres hartas de la violencia: en sólo tres meses, huno 500 exclusiones de hogar. Y Más. Ingrese y baje La Décima en PDF.