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La parábola de Daniel

Para algunos este abogado atildado es una especie de Don Corleone riocuartense; para otros, apenas un abogado mediocre con ínfulas de grandeza que sólo vende humo. ¿Quién es en realidad Daniel Horacio Lacase? Su desempeño como abogado, su paso por la función pública durante el menemismo, víctima de extorsión y acusado de abuso, su estudio fue "blanco" del perejilazo... Una nota profunda de la revista El Sur de Río Cuarto sobre el vocero del viudo de Nora Dalmasso, Marcelo Macarrón.


Hernán Vaca Narvaja.

Fue uno de los hombres con mayor exposición mediática en el país desde finales de noviembre del año pasado, cuando Nora Dalmasso de Macarrón apareció asesinada en la habitación de su hija y el crimen de Villa Golf se convirtió en una apasionante novela por entregas. Encandilado por los flashes y las cámaras de televisión, Daniel Horacio Lacase quiso jugar al aprendiz de brujo y terminó incinerado en su propia hoguera: las miradas indiscretas del periodismo comenzaron a hacer foco en su pasado político y en su presente económico, en sus amistades cercanas al poder y en sus enemistades incómodas. Entonces se enojó y pidió a los medios de comunicación de Río Cuarto que no se sumaran a sus pares del resto del país. Intentó sin éxito censurar las imágenes que mostraban a la gente insultándolo frente a su estudio jurídico en la manifestación que siguió al histórico “perejilazo”, que puso blanco sobre negro el repudio de la ciudadanía a una Justicia que presumen tendenciosa y clasista. Y Lacase se llamó a silencio.

Apenas dos meses antes, Lacase pedía recato y respeto. Exigía que no se juzgara a Nora Dalmasso “por sus últimos actos” sino como “madre ejemplar y ama de casa”, abonando así la búsqueda desenfrenada de supuestos amantes en la que se embarcaron los fiscales Javier Di Santo y Rubén Moine. ¿Con qué autoridad moral juzgaba Lacase, con dos divorcios a cuestas, las supuestas infidelidades de Nora Dalmasso?

Desde que asumió su rol de “vocero y abogado” de la familia Macarrón, Lacase fue cometiendo una serie de torpezas que evidenciaron una vez más cuál es su única y verdadera obsesión: el poder.

Forzó las renuncias de sus enemigos Rafael Magnasco y Alberto Bertea a la Secretaría de Seguridad de la Provincia; amenazó con iniciar un jury a los fiscales -para entonces ya se había sumado desde Córdoba capital Marcelo Hidalgo- si no detenían al pintor Gastón Zárate. Contra su voluntad, De la Sota tuvo que eyectar de su cargo al ministro Sergio Busso y de paso se libró del fiscal General Gustavo Vidal Lascano.

Sólo cuando el Gobernador se quedó sin peones para el recambio, Daniel Lacase dio un paso al costado. El protagonismo mediático fue asumido por el propio Macarrón y sus abogados mediterráneos Tirso Pereyra y Sonsini Astudillo. Pero Lacase, vocero y “asesor de imagen” del viudo, siguió operando desde las sombras.

Su obligado silencio es su más dolorosa derrota: sembró tantas dudas y generó tantas sospechas que la gente lo puso en el lugar más incómodo y menos previsible: el de sospechoso. En el imaginario colectivo, detrás del crimen de Nora Dalmasso se oculta algo turbio que tiene a Macarrón, Lacase y al millonario Michel Rohrer como los vértices de un triángulo de poder al que la Justicia teme investigar.

¿Está alejado el sentir popular de los elementos que nutren el voluminoso expediente del caso Dalmasso? La diferencia en el trato a los testigos y la irritante deferencia que se tuvo con quienes pertenecen a determinada clase social o tienen vinculaciones políticas fueron engendrando el “perejilazo”, una movilización espontánea que ya forma parte de las mejores páginas de la historia cívica de los riocuartenses.

“Pueblo chico infierno grande”, reza el refrán popular. Como “vocero” y “asesor de imagen”, Lacase suma un nuevo fracaso a una trayectoria que mezcla aciertos y errores, pero que siempre estuvo plagada de suspicacias. Lacase no pasa desapercibido: la mayoría de sus colegas no lo quieren, sus amigos destacan su lealtad (“siempre te da una mano en los momentos difíciles”, aducen) y sus enemigos resaltan su obsesión por la ostentación y su empecinamiento por tomarse revancha. Para algunos este abogado atildado es una especie de Don Corleone riocuartense; para otros, apenas un abogado mediocre con ínfulas de grandeza que sólo vende humo. ¿Quién es en realidad Daniel Horacio Lacase?

Los orígenes
Hijo de Delia Peresín de Lacase, Daniel es el cuarto de cinco hermanos. Su madre fue una de las mujeres más destacadas de la política riocuartense y, en tiempos en que no existía el cupo femenino, logró ocupar una banca en la Legislatura provincial y varios cargos de conducción en la estructura del peronismo, entre ellos el de consejera nacional del Partido Justicialista. Daniel estudió en el colegio San Buenaventura y se recibió de abogado en la Universidad Nacional de Córdoba. Ingresó de muy joven a la carrera judicial, como empleado del Tribunal Superior de Justicia de Córdoba. Cuando volvió a Río Cuarto trabajó a las órdenes del juez Raúl Carranza y ocupó la Secretaría de la Cámara del Trabajo, desde donde cumplió tareas de superintendencia en los Tribunales locales. Quienes lo conocen de esa época rescatan de él una gran capacidad de gestión. “Era muy operativo, tenía todo al día”, afirman.

De su primer matrimonio con Ana Madedu nacieron sus hijos Daniel y Agostina. Lacase todavía trabajaba en Tribunales cuando comenzó a mostrar su afán de figuración y su debilidad por los autos.

En el Palacio de Justicia recuerdan que en los años ochenta llegaba en una coupé Renault Fuego, que para entonces era el auto top en el país y el vehículo en el que también se desplazaba su acaudalado suegro. Al poco tiempo la cambió por una coupé Sierra y luego por un Peugeot 405. En los dorados años ´90, cuando fue convocado por el Presidente Carlos Menem para secundar a su amigo Julio César “Chiche” Aráoz en la Secretaría de Prevención y Lucha contra la Drogadicción, Lacase se paseaba por las calles de Río Cuarto en un Mercedes Benz blanco, una coupé VMW oscura o una 4 x 4 Grand Cherokee. Para entonces su primer matrimonio había naufragado y contrajo nuevo matrimonio con Edith Imberti, con quien tuvo su tercera hija: María Sol. Su generosidad conyugal incluyó la compra de una casa antigua en la calle Cabrera, que fue íntegramente reciclada, la adquisición de campos y hasta un caballo de sangre árabe para su nueva cónyugue. Quienes conocieron el episodio esbozan una sonrisa cómplice cuando recuerdan que el caballo fue entregado “en mano” por un peón de campo vestido para la ocasión con túnicas orientales.

El matrimonio con Imberti tampoco prosperó. La actual funcionaria judicial y su hija padecieron el recelo que provocaba la ascendente figura del jefe de hogar entre los riocuartenses. Su afán de ostentación y su designación como subsecretario de Drogadicción del gobierno menemista no parecían una buena combinación para un abogado con aspiraciones políticas que, para ese entonces, ya administraba la radio del Obispado y financiaba los proyectos más caros a la dupla que regía los destinos de la Diócesis de Río Cuarto: el Obispo Ramón Staffolani y el sacerdote Jorge Felizzia, que aspiraban a reconvertir la radio FM Ser y proyectaban el centro para recuperación de drogadictos Jesús de Nazareth y la granja Siquem. Su estrecha relación con el Obispo le permitió conocer al mismísimo Papa Juan Pablo II.

Staffolani convocó al prestigioso periodista deportivo Osvaldo Wehbe, quien convirtió a la radio del Obispado en una FM con una programación de lujo para la ciudad a través de una aceitada dirección artística y la convocatoria de reconocidos profesionales del periodismo local. Además, FM Ser retransmitía la siempre atractiva señal de Radio Continental de Buenos Aires. Lacase “no bajaba línea ni interfería en la programación ni el contenido” de la radio del Obispado, admiten quienes participaron de aquella experiencia. Pero cada tanto llamaba por teléfono a alguno de los periodistas de la emisora para sugerirle que llamara a “Chiche” Aráoz o a algún otro funcionario amigo para hacerle un reportaje. En lo que sería una constante en su vida profesional y social, Lacase utilizaba cuánto medio tenía a su alcance para congraciarse con el poder y profundizar su capacidad de lobby.

En la faz administrativa, los sueldos se pagaban en su estudio jurídico y la cuenta de la radio en el Banco de Córdoba todavía está a su nombre. Aunque los sueldos estaban al día, Lacase nunca pagó los aportes previsionales.

De extorsionado a acosador

El 28 de febrero, Lacase fue designado por el presidente Carlos Menem como subsecretario de Lucha contra la Drogadicción. Sus primeras declaraciones estuvieron imbuídas de la moralina eclesiástica que siempre lo ha caracterizado, aunque sus actos rara vez se condigan con su prédica. “Voy a incrementar el trabajo sobre la población sana, en la vida familiar, poniendo el acento en la cura del drogadependiente y su reinserción social”, apuntó el flamante funcionario en sus primeras declaraciones periodísticas. Pero además de la prevención, Lacase advirtió que pondría la lupa sobre las “actividades financieras” derivadas del narcotráfico instrumentando “planes de acción con las fuerzas de seguridad, coordinando los procedimientos que se realicen”.

“Trabajaremos con las fuerzas de seguridad que dependen del Ministerio del Interior y de Presidencia y con las Fuerzas Armadas”, agregó como para dejar en claro el alcance de su nuevo poder. De esa época conserva importantes y fluidos contactos con personal militar, policial y de la SIDE.

Paradójicamente, fue desde una base militar (el Area Material de Las Higueras) donde se originó la primera extorsión en su contra. Las amenazas comenzaron en marzo de 1998 y se prolongaron hasta julio del mismo año: le exigían un pago de medio millón de dólares. Lacase vivía en la casa de la calle Cabrera con su segunda esposa y había dejado ya la función pública (Aráoz dejó Drogadicción y fue designado embajador ante la OEA); manejó la situación con total discresión, a tal punto que la prensa riocuartense recién se enteró -o recién difundió- la noticia cuando los llamó el propio Lacase para anunciar que la Policía Federal había capturado in fraganti a uno de los extorsionadores mientras se comunicaba con él desde un teléfono público.

Los vaivenes de la causa judicial confirmaron que el abogado riocuartense no era un ciudadano más para el gobierno menemista; aduciendo la probable presencia de un grupo terrorista, el fiscal Fantín se declaró incompetente y derivó el expediente a la Justicia Federal, que tomó inmediatas cartas en el asunto, intervino los teléfonos de Lacase y montó un espectacular operativo con motocicletas que concluyó con la detención de Gerardo Capellino y Adalberto Díaz. El despliegue de móviles, policías y agentes de la SIDE contrastó con el silencio de radio que mantuvieron los medios de comunicación de la ciudad, pese a que la existencia de los llamados extorsivos era vox populi en Tribunales. Otro dato ilustrativo es que ningún abogado penalista quería defender a los acusados por Lacase, a tal punto que Capellino terminó recurriendo a un letrado de Villa María. Envalentonado, Lacase admitió ante una pregunta del tribunal que él disponía de la suma de dinero que le pedían (500 mil dólares) porque era un abogado importante que había cobrado un millón de dólares solamente en un juicio en el que patrocinó al gremio de empleados de comercio. Al diario Puntal, en cambio, le había dicho dos años antes: “No pensé en entregar nada de dinero porque no tengo esa suma (sic) y porque no cedo ante este tipo de presiones por parte de personas completamente despreciables en su actitud cobarde”. Por las dudas, aclaró que no tenía “nada que ocultar” y que su capital lo había ganado como abogado “antes de entrar en la función pública”.

Además de Capellino y Díaz, que fueron condenados -llamó la atención del sacerdote Jorge Felizzia en todas las audiencias del juicio oral y público- Lacase apuntó su dedo acusador contra una de sus dos empleadas domésticas, Rosa Mercau, a quien acusó de hacer tareas de inteligencia en su casa para informar a los extorsionadores de todos sus movimientos. La Justicia federal detuvo a Mercó, pero la Cámara del Crimen la absolvió de culpa y cargo: la única vinculación que tenía Mercó con el Area Material Río Cuarto era que su amante trabajaba allí. Pese a haber demostrado su inocencia ante la Justicia, Lacase no sólo la despidió de su casa, sino que poco tiempo después, al verla ingresar al ascensor de un edificio céntrico, averiguó para quién trabajaba y se ocupó personalmente de que los nuevos patrones de Mercó -un matrimonio joven que estaba encantado con el desempeño de su flamante empleada doméstica- tuvieran que despedirla, horrorizados porque la mujer “había puesto en riesgo” la vida de la familia Lacase.

Al año siguiente del traumático episodio de extorsión la otra empleada doméstica de la familia Lacase, Mercedes Chirino -que llevaba tres años trabajando para el matrimonio-, se presentó en Tribunales para denunciar a su patrón por abuso sexual. Nerviosa y desconcertada, la mujer terminó su jornada de trabajo -que incluyó servirle el almuerzo a la señora de la casa- y recién a la tarde le contó la situación a su concubino. Al otro día, cuando ambos se presentaron en la Fiscalía de turno, dudaron sobre la conveniencia de iniciar una causa penal contra Lacase: pese a que contó todos los detalles del abuso -que se habría producido en horas de la mañana, mientras ella lavaba los utensillos de cocina que habían utilizado en el desayuno-, el episodio no dejó ninguna huella de violencia física en la mujer, que además no tomó la precaución de someterse a una revisación médica apenas producido el hecho. Mercedes Chirino dejó de trabajar para la familia Lacase, se llamó a silencio y nunca más volvió a Tribunales. La denuncia fue archivada.

(Puede leer la versión completa de la nota en revista El Sur de marzo, de venta en los kioscos de Córdoba capital, Río Cuarto, Villa María y localidades del sur de la provincia.)

15/03/07


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carlos mosca

muy bueno los datos de la nota la revista se agoto pero el sabado parece que aparece de nuevo ya estoy aciendo cola en el quiosco pueda ser que a don narvaja no me lo llamen y deje de publicar todas estas verdades no autorizadas por mucho tiempo los felicito.



luis

MUERTE POR ENCARGO, QUIEN LA MATO NO HIZO SEXO, LA MATO. PARA QUE INVESTIGAN GENETICAMENTE A LOS AMANTES?. HAY QUE BUSCAR A LOS ASESINOS Y A LOS INSTIGADORES. LOS AMANTES YA NO IMPORTAN O QUIERN QUE SIGAMOS PENSANDO EN LOS AMANTES DE ESYA MUJER YA MUERTA.



pablo

porque protegen a un asesino , salgamos a violar y matar somos todos perejiles ,mis vecinos,me apoyan




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