
Recomendar esta notaEl valor es ser uno mismo. La mirada del otro de aprobación estética no hace a la esencia.La medicina es el arte de curar, de otra forma se la lleva al paroxismo, y se desvirtúa. Me parece que el camino es aprender a ubicarnos en la vida como seres humanos, más allá del sexo casual que nos toca.Siento admiración por esos seres que se ponen de pie en la vida, a veces pequeños, y transforman con la magia de la palabra y la energía a quienes tocan. Con la carita lavada y lo que Dios dio, con la mirada transparente y los pensamientos claros. María Victoria no es cuestión de edad. Puedo entenderlo en una jovencita inmadura, pero en una mujer entera no!Por ahí las mujeres dicen las siliconas me cambiaron la vida, pobres, tiene que buscar desarrollar autoestima.
coincido con lo que dice ADRI pero lo estetico tambien ayuda a levantar la autoestima, considero a la BELLEZA como algo integral, aunque actualmente es penoso ver como se clonan los modelos de la supuesta belleza fisica.
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La Mañana de Córdoba publica hoy un artículo crítico sobre el fallo del juez Manuel José Maciel que declaró inconstitucional la elección del defensor del Pueblo de Córdoba que sancionó la Unicameral. El diario reta al juez por haber llamado "facciosos" al grupo de legisladores que impuso su mayoría para nombrar a Mario Decara y afirma que este es un ejemplo más de un Poder Judicial que se arroga facultades que son propias de otro poder republicano. Al señalar que el término empleado por el juez ha sido ofensivo e "inexacto", lo que hace La Mañana es victimizar al grupo de legisladores que -según el fallo judicial- intrepretó la Constitución a su antojo para imponer como Defensor a un hombre sin antecedentes en la defensa de los intereses colectivos y de estrecha cercanía al poder político de turno. Quizá no haya sido un término feliz el empleado por el juez para calificar a los legisladores, pero de ahí a victimizarlos parece una picardía y una exageración. Al fin y al cabo, el adjetivo "faccioso", es un piropo a la par de otros que habitualmente reciben los integrantes de un poder democrático totalmente desacreditado, impopular y escasamente representativo.