
Hernán Vaca Narvaja.
Por posición económica, geográfica y productiva, Córdoba debía ser -y lo fue- protagonista central del conflicto entre el campo y el Gobierno nacional. La provincia se convirtió en uno de los puntos neurálgicos de los cortes de ruta que mantuvieron en vilo al país y provocaron desabastecimiento y daños económicos todavía incalculables. Laboulaye, Mackena y Río Cuarto se destacaron por el protagonismo y la persistencia de los productores agropecuarios que pese a las inclemencias del tiempo y el desgaste del paso de los días, permanecieron sobre la ruta durante tres semanas. La indignación por el aumento de las retenciones ganó a todos y la mayoría de los dirigentes ruralistas oficiaron de bomberos para evitar que la protesta derivara en tragedia.
En una región en donde la actividad del campo es central para el desarrollo económico, no faltaron quienes salieron a las calles con cacerolas para expresar su repudio al Gobierno nacional y su apoyo al campo. Fueron, al menos en el interior provincial, movimientos espontáneos de gente poco acostumbrada a movilizarse (salvo que le toquen el bolsillo), que superaron incluso el pudor natural que produce -o debiera producir- salir a protestar por las calles de la ciudad a bordo de vehículos importados (las ya célebres 4 x 4) absolutamente inaccesibles para la mayoría de los trabajadores urbanos.
El conflicto del campo fue el desafío más importante de un gobierno con poco más de cien días de gestión, que fue legitimado por una abrumadora mayoría de votantes. En las tres semanas de paro agropecuario hubo de todo: discursos altisonantes, explicaciones técnicas, agravios, fantochadas, frivolidad, patoterismo, hidalguía, pedantería, discriminación, racismo, populismo, demagogia... y la lista sigue. Lo único que no hubo -y ello es un síntoma virtuoso para una sociedad que por momentos parece anestesiada- fue indiferencia: todos dijeron su verdad y la defendieron a capa y espada. ¿Todos? Casi. En realidad, hubo un gran ausente: el gobernador Juan Schiaretti, el hombre que debió erigirse en la voz cantante de una de las provincias que más aporta al país en materia de producción agropecuaria y que menos recibe de manos de un Gobierno que ha hecho de la centralización de los recursos un verdadero dogma político.
A diferencia del socialista Hermes Binner (Santa Fe) o incluso del oficialista Jorge Capitanich (Chaco), el gobernador de Córdoba no arriesgó una sola definición, ni a favor ni en contra del incremento de las retenciones.
¿Qué piensa Schiaretti de las retenciones a la exportación de soja? ¿Son una herramienta irrenunciable para redistribuir la riqueza y mantener los precios de los alimentos que consumen los argentinos, como dice la Presidente? ¿O son producto de una abusiva política confiscatoria de un Gobierno que se vale del campo para hacer caja y mantener la burocracia política? ¿Está de acuerdo Schiaretti con el reclamo de los productores, más allá de que haya dicho no compartir su “metodología”? ¿O está de acuerdo con la filosofía del Gobierno nacional? Y en este último caso, entonces, ¿por qué no defendió las medidas oficiales ni acompañó a la jefa de Estado en ninguna de sus tres intervenciones públicas a lo largo del conflicto?
En medio de la puja sectorial más trascendente de los últimos tiempos en el país, que generó un debate profundo sobre el modelo económico vigente y el aporte del campo al sistema, el gobernador de Córdoba no sólo se mantuvo prescindente, sino que se mostró dubitativo, tibio, casi timorato. Por la importancia económica, política y cultural, pero sobre todo por su tradición histórica de autonomía respecto a los gobiernos centralistas, Córdoba merecía algo más que un gobernador resignado a esperar el auxilio financiero nacional para afrontar sus deudas o paliar el déficit crónico de su Caja de Jubilaciones.
Salvo el récord de utilización de los gastos reservados y el pleno empleo conseguido para algunas familias del elenco ministerial -Caserio y Gutiérrez, entre otros-, la gestión de Schiaretti se ha caracterizado por una llamativa incapacidad para tomar decisiones y adoptar definiciones.
Es más: al escaso desgaste sufrido hasta ahora por el gobernador, amén de estar saliendo recién del período estival, se lo debe más a la inercia del gobierno anterior que a los aciertos propios. Pero el escenario puede cambiar repentinamente. ¿Que pasará si el ex gobernador José Manuel De la Sota decide abandonar su autoimpuesto silencio y sale a confrontar con los Kirchner? ¿Resignará Schiaretti a la mitad de su gabinete o se encolumnará con el político que le dejó una Provincia endeudada con una fuerte dependencia del gobierno central? ¿A qué costo político tomará distancia de los Kirchner?
Si algo ha dejado en claro el matrimonio de Olivos en estos casi cinco años es que las adhesiones a medias no son consideradas adhesiones en la Casa Rosada. Ya lo padeció el senador Roberto Urquía, que hizo la peor elección de la historia del peronismo de Córdoba por lealtad a Cristina Fernández y ahora es visto con desconfianza por haber realizado algunos guiños a los hombres del campo que le exigen explicaciones, sobre todo en el sur provincial. El diputado Alberto Cantero, en cambio, aprendió rápido la lógica del poder K: se encolumnó decididamente con la Presidente y afrontó los costos políticos de enfrentar a los ruralistas de Río Cuarto y la región.
La confrontación del campo con el Gobierno demostró una vez más que las viejas antinomias de la historia argentina han quedado caducas en un país que ha asimilado, a fuerza de frustraciones, que la democracia es el mejor -o al menos el menos malo- de los sistemas de convivencia social. Y si bien es cierto que la exacerbación de la autoridad presidencial y la reaparición de figuras emblemáticas como el piquetero Luis D´Elía alimentaron la furia de los piqueteros agropecuarios en las rutas, no es menos cierto que las célebres expresiones “gorilas” de dirigentes como Delfor Maldonado o Ricardo Osella agraviaron la investidura presidencial y encendieron la mística de una dirigencia peronista inorgánica pero decidida a movilizarse para apuntalar a su Presidenta en la puja con “la oligarquía”.
Más allá de los exabruptos, Gobierno y entidades ruralistas demostraron que tienen argumentos para defender sus posiciones: la Presidenta, de hecho, terminó dando marcha atrás en la aplicación del incremento de las retenciones a los pequeños y medianos productores; y los ruralistas, aunque incrédulos, ansían que al menos esta vez los subsidios se plasmen en realidades y no en meras promesas o peor aún, en dádivas direccionadas políticamente por el puntero de turno en cada provincia.
El fenómeno social que representó el histórico paro agropecuario trascendió la puja sectorial para convertirse en el eje de un debate nacional: diarios, radios, televisión y sobre todo las cadenas de mails receptaron artículos de fondo a favor de unos y otros. Con argumentos sólidos de uno y otro lado, fue difícil tomar posición y muchos fueron entendiendo la raíz del conflicto conforme los actores iban poniendo las cartas sobre la mesa.
Nadie permaneció indiferente al conflicto. Todos opinaron. O casi todos. Faltaron a la cita el gobernador Juan Schiaretti y su ministro de Agricultura virtual, Carlos Gutiérrez, más preocupados (y ocupados) en sacarle el cuerpo a la crisis que en adoptar definiciones de fondo.
(Puede leer la nota completa en la edición impresa de revista El Sur de abril, de venta en kioscos de Córdoba, Río Cuarto, Villa María y zona de influencia)
12/4/08
Recomendar esta notaEl gobernador le sacó al cuerpo al conflicto para no pelearse con el gobierno nacional pero lo curioso del caso es que se distanció igual y ahora como cordero de dios debió ir a arrodillarse a la Casa Rosada por unos morlacos. Tristísimo todo.
H.V. NARVAJA: Hubiese preferido que cuando se refirió a D´Eía lo hiciera como "barrabrava/patotero". Nombrar a este sujeto una de las "figuras emblemáticas como el piquetero Luis D´Elía" suena más a título nobiliario que a lo que realmente es este señor. Aunque tal vez le corresponda un título nobiliario, por ser lacayo de la monarquía que encabezan "Don Néstor y Doña Cristina". En el resto de la nota coincido con ust.
Señor NARVAJA, usted dice:¿Que pasara si el ex.gobernador Jose Manuel De La Sota decide abandonar su autimpuesto silencio y sale a confrontar con los Kirchner?NADA ...NADA!!!.
Muy buena la Nota y gracioso eso del Ministro virtual, tal cual!!!. Ahora yo veo esta situaciòn como un barco a la deriva. Habra que ver quien tome el timón que podra hacer, antes de caer en los rápidos y estrellarse en las rocas, o amarrarse a alguna orilla repleta de cocodrilos.- Saludos
el gran victor Jara decía en una canción: "usted no es nada, no es chicha ni limonada, se la pasan manoseando, caramba, su dignidad" con eso basta para definir a un tibio, un gris, un temeroso como el actual gobernador Schiaretti, que ni siquiera se anima a dar una opinión en público.
¿NO HAY ARREGLO?LA MESA DEL DIALOGO SOLO APUNTO A LOGRAR QUE SE LEVANTE EL PARO AGRARIO Y FORZAR UNA TREGUA,PERIODO DURANTE EL CUAL EL GOBIERNO INTENTARA FRACTURAR EL FRENTE AGROPECUARIO,DESPRETIGIAR A SUS DIRIGENTES ANTE LA SOCIEDAD,Y PREPARARSE MEJOR PARA UN NUEVO CONFLITO,CREO QUE LOS PRODUCTORES,ESTAN LISTOS PARA VOLVER A LA RUTA, EN HUINCA RENACO,AL SUR DE CORDOBA,CERCA DEL LIMITE CON LA PAMPA,SE JUNTARON AYER UNOS 500 PRODUCTORES,MUCHOS FUERON DEL NORTE DE LA PAMPA,EL SUR DE CORDOBA,SAN LUIS,SUR DE SANTA FE Y DESDE BUENOS AIRES.
Las Empresas que quieren quedarse con la propiedad de los campos argentinos:SOROS(GOLMAN SACHS)TIENE 600.000 HECTAREAS,ELSZTEIN(IRSA)TIENE 100.000HECTAREAS,MINDLIN(EDESUR-EDENOR,GROBOCOPATEL TIENE 50.000 HECTAREAS,WERTHEIN,DREYFUS,ESKENAZI,GEAR Y CARGILL.
ALBERTO FERNANDEZ SALIO A ACLARAR QUE NO SE VA:EN POLITICA,CUANDO EL RIO SUENA ES QUE PIEDRAS TRAE,EN EL GOBIERNO NO LE PERDONAN AL MINISTRO ALBERTO FERNANDEZ POR EL "PESIMO" MANEJO DEL CONFLITO CON EL CAMPO LE HAYAN TRAIDO A LA SRA.PRESIDENTA TAN TEMPRANO EL "PRIMER CACEROLAZO" DE SU GESTION,LOS RUMORES SON MUY FUERTE SOBRE LA INMINENTE RENUNCIA DEL JEFE DE GOBIERNO.
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En La Décima de febrero, la zona sur después de la tormenta del 30 de enero. La emergencia expuso las deficiencias estructurales,la responsabilidad y la desidia estatal y la consecuencia del desarrollo inmobiliario descontrolado. Además: Mujeres hartas de la violencia: en sólo tres meses, huno 500 exclusiones de hogar. Y Más. Ingrese y baje La Décima en PDF.