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Últimos días de la víctima /

Últimos días de la víctima

Qué dice la autopsia psicológica de Nora Dalmasso. Por ejemplo, que el móvil del crimen habría sido personal y no pasional como indicaron las primeras especulaciones. Luego, las similitudes entre Marcelo y su hija Valentina y entre Nora y Facundo. Detrás de la máscara de la familia ideal "subyacía una realidad de incomunicación, frovlolidad y frustración". La revista El Sur de noviembre cuenta minuciosamente los detalles de la autopsia.


Hernán Vaca Narvaja.

Nora Dalmasso conocía a su asesino y no opuso resistencia. Murió en apenas cinco minutos, producto de un mecanismo de compresión mixta que la dejó sin aire y le provocó un paro cardiorrespiratorio. No tuvo sexo con el homicida y lo más probable es que éste la sorprendiera dormida. Sobre el móvil del crimen, lejos de las primeras especulaciones que se hicieron, habría sido personal y no pasional.

Estas son algunas de las conclusiones de la autopsia psicológica de Nora Dalmasso, elaborada a lo largo de nueve meses por la asistente social Ileana Benítez, la criminóloga Raquel Ibarra y el psicólogo Javier Chilo. Se trata de un trabajo minucioso que analiza no sólo la personalidad de la víctima, sino fundamentalmente sus vinculaciones familiares y sociales y las circunstancias previas a su muerte.

El trabajo está basado en una técnica cubana institucionalizada por la criminóloga Teresita García Pérez, una verdadera eminencia en la materia. Paradójicamente, la edición argentina de su libro “Pericia en Autopsia Psicológica” está prologado por la psicóloga cordobesa Liliana Angelina de Licitra, la perito de control designada por Marcelo Brito para controlar la pericia psicológica que le realizaron a Facundo Macarrón. El dato no es menor: apenas supo del contenido claramente perjudicial para su cliente, Brito salió a defenestrar la autopsia psicológica (la llegó a calificar de “rejunte de chismes y habladurías”), pero su propio perito la avaló expresamente al prologar la edición argentina que popularizó el método en Tribunales. Entre otras consideraciones, Liliana de Licitra resalta que la técnica cubana resulta de especial utilidad “cuando se ha cometido un homicidio y no se ha podido descubrir al autor”.

Una familia muy normal
La autopsia psicológica de Nora Dalmasso es un retrato descarnado de una familia que se entregó de lleno a la frivolidad, sobre todo a partir de la mudanza del matrimonio Macarrón a Villa Golf. A pesar de cuidar siempre las apariencias para escalar posiciones sociales, en los hechos la familia Macarrón padecía graves problemas de comunicación. Y sus miembros mantenían en secreto los aspectos más ligados a su vida sentimental, como las relaciones extramatrimoniales de Nora y Marcelo y la homosexualidad de Facundo.

El análisis destaca mayores similitudes de carácter entre Marcelo y su hija Valentina y entre Nora y Facundo. Mientras a los dos primeros les gusta la figuración y el golf, a los dos últimos los unía un mayor racionalismo y una tendencia casi obsesiva por el orden. Nada debía escapar de sus manos porque, en el fondo, ambos eran inseguros.

A Nora se la describe como una persona histriónica, de humor cambiante, preocupada por su figura y temerosa de la vejez. Varias operaciones estéticas (en senos y boca) acreditan la necesidad imperiosa que tenía Nora de mantenerse joven y competir permanentemente, aún con mujeres menores que ella. La obsesión por el orden fue heredada por su hijo Facundo.

El perfil socio ambiental de la familia Macarrón fue cambiando con el tiempo, lo que motivó un claro distanciamiento con los padres de Nora, más propensos al bajo perfil. La vida de la familia Macarrón respondía a cánones muy estrictos de moralidad: es conocida la anécdota que cuenta que Marcelo enviaba a su hijo Facundo a jugar al rugby “para que se hiciera hombre”.

La homosexualidad de Facundo, contrariamente a lo que declaró públicamente su tía Silvia Macarrón, no habría sido conocido por la familia del joven, aunque es posible que Nora sospechara. El tema no sólo contrariaba los valores morales de una familia que se presentaba como un modelo a seguir ante sus pares, sino que además tenía un antecedente trágico: uno de los tíos paternos de Nora que era homosexual habría sido víctima de un homicidio de características pasionales. Ese fantasma siempre estuvo presente en la familia, que emparentó homosexualidad con conductas perversas. La prevención se hizo presente incluso en el hermano de Nora, Juan Dalmasso, que llegó a la conclusión -junto a su prejuicioso abogado Diego Estévez- de que la presunta homosexualidad de Facundo lo podría haber llevado a ambientes “muy pesados”. Esta preocupación consta en una de las declaraciones de Juan Dalmasso ante el fiscal Di Santo, en la que expresó textualmente: “Diego (Estévez) me dijo que muchas veces el entorno en el que se maneja esta gente (por los homosexuales) es muy jodido, muy pero muy jodido”.

La familia Macarrón se ve a sí misma como una familia ideal. Así lo confirmaron los peritos que confeccionaron la autopsia psicológica de Nora Dalmasso y que entrevistaron, entre otros, a Marcelo y a Facundo. Pero de los testimonios recabados en el entorno familiar y sobre todo entre las amigas más cercanas a Nora, los peritos concluyeron en que en realidad detrás de la fachada de “familia Engalls” que mostraban los Macarrón subyacía una realidad de incomunicación, frivolidad y frustración.

Esta frustración afectaba particularmente a Nora. En los últimos meses de su vida tuvo los primeros síntomas de la menopausia y una hernia de disco le impidió continuar con las actividades físicas que modelaban su cuerpo. Su temor a la vejez y su creciente sensación de soledad la llevaron a replantearse su propia existencia. En Tribunales, algunas de sus amigas incluso mencionaron la posibilidad de que le hubiera planteado el divorcio a su marido (esto fue admitido por el controvertido cerealero Michel Rohrer, amigo íntimo de la familia).

Disminuida intelectualmente -aunque Marcelo la presionaba para que tuviera mayor protagonismo en la empresa familiar Grassi, donde cobraba la módica suma de 430 pesos-, Nora volcaba su energía en el cuidado de su cuerpo y la educación de sus hijos. Ella tenía mayor presencia que Marcelo en el hogar, ya que él pasaba la mayor parte del día en el trabajo y en eventos sociales y sólo dedicaba los domingos a su hija Valentina, con quien compartía el placer por el golf. Esta relación tan cercana entre padre e hija llamó la atención de Nora: uno de los últimos actos que tuvo en vida fue entregarle a su amiga “Poly” Ruiz una postal que Valentina le envió a Marcelo desde Chicago, Estados Unidos, donde estaba residiendo con motivo de un intercambio cultural. “Léela a ver que te parece y después comentamos”, le dijo Nora al despedirse por última vez de su amiga y confidente, quien después del crimen le entregó la postal al fiscal Di Santo.

La preocupación de Nora por la postal que su hija Valentina le envió a Marcelo Macarrón adquiere relevancia en el minucioso trabajo elaborado por los peritos que confeccionaron la autopsia psicológica de la víctima. Fue un posible factor de stress que, junto a la posibilidad de que ella sospechara de la homosexualidad de su hijo Facundo, constituían dos de los principales factores que podrían haber provocado un arranque violento en Nora, habituada a reaccionar con energía cuando algo la molestaba o contradecía sus pensamientos. El propio hermano de la víctima abrió el paraguas sobre la posible reacción de Nora en caso de que ésta se hubiera enterado de la condición sexual de su hijo: “Nora era tan particular... y creo que nadie sabe cómo hubiera llegado a reaccionar. No ante Facundo, pero sí ante un tercero. Eso creo que nadie lo puede llegar a saber”, admitió Juan Dalmasso.

Cinco minutos
La autopsia psicológica no asegura ni descarta la participación de más de una persona en el crimen de Villa Golf. Pero es tajante al descartar el móvil pasional en el crimen. Por el contrario, la personalidad de la víctima y especialmente los indicios que dejó la escena del crimen indicarían que no hubo un encuentro previo y que el o los asesinos estaban adentro de la casa o tenían las llaves (habrían ingresado por la puerta de la cocina, como lo hacían habitualmente los miembros de la familia)

La autopsia psicológica da por tierra también con las especulaciones elaboradas por el ejército de peritos forenses y criminalistas contratados por el abogado Marcelo Brito. Según se deduce del análisis del cadáver, a Nora Dalmasso la asesinaron en el mismo lugar donde se encontró el cuerpo alrededor de 36 horas más tarde.

Otra de las conclusiones trascendentes de la autopsia psicológica es la deducción de que la víctima no opuso resistencia. En este sentido, los peritos analizan básicamente dos posibilidades: que la sorprendieron dormida o que por el conocimiento que tenía del homicida no opuso resistencia. Cuando quiso hacerlo ya era tarde: el mecanismo de compresión mixta (manual y con el cinto de la bata) la mató en apenas cinco minutos, incluyendo los dos minutos de agonía propios de este tipo de muertes.

Hay otro dato que sorprendió a los peritos y que configura de algún modo la personalidad del asesino: luego del crimen, tapó a la víctima hasta el torso con la sábana de la cama. Este aparente pudor descartaría la presencia de un psicópata sexual o un violador, como señala Brito. Y refuerza la idea de que el móvil del crimen no fue de índole sexual, hipótesis que es reforzada por las características de las lesiones genitales que presentaba la víctima y que, según el testimonio de la forense Virginia Ferreyra, podrían haber sido ocasionadas hasta 24 horas antes del homicidio.

(Puede leer la nota completa en la versión impresa de revista El Sur de diciembre, de venta en kioscos de Córdoba, Río Cuarto, Villa María y zona de influencia)

10/12/07

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América Valentinuzzi

Me alegra que hayan publicado esta nota. Que alguien empiece a separar la realidad de la ficción. Primero: Licitra y Benitez son dos profesionales muy, pero muy serias del Poder Judicial. Segundo: El juego que impulsó la inepcia del anterior fiscal general llevó a que concurrieran hasta tres fiscales, que sólo se entorpecieron. Tercero: El afán de tapar cualquier supuesta implicancia política (que no se ha probado hasta aquí) expuso la prueba edn el primer momento de la investigación. Cuarto: Los manejos del actual defensor del joven Maccarron son los que cabía esperar. Es un ex fiscal general, que actúa por despecho y sin escrúpulos. Teje hipótesis increíbles para desorientar. Difama al actual fiscal instructor y pretende ensuciar las pruebas que se han salvado de la depredación que hicieron los medios de prensa porteños y otras interferencias. Un amigo con más de treinta y cinco años de experiencia judicial me puso al tanto, y hasta me dio más razones que hacen muy difícil el esclarecimiento de este episodio. Veremos...



Miriam Seggiaro

Como Técnica en Criminología y casi una década ejerciendo en la Penitenciaría Provincial -Servicio Psicosocial- y parte de este tiempo en el Cuerpo Médico Forense y Criminalístico y Dirección de Asuntos Penales, me inclino a sostener o avalar los fundamentos y argumentos de la denominada Necropsia o Autopsia Psicológica. De todos modos creo que el "poder" y/o sus ámbitos contribuyen significativamente a desdibujar o empañar -y hasta distorsionar- por completo la realidad de los hechos. Si bien he leído casi todo sobre el tema, para los legos en esta materia es morbosidad y boyeurismo puros. Impudor absoluto. Impiedad hacia los familiares doble o triplemente victimizados. Aprendí de mis superiores que "Justicia lenta deja de ser Justicia". El transcurso dirá la última palabra. O no. O seguirá el misterio y la degradación del entorno, ya de por sí contaminado. Ojala prevalezca la sensatez y haya "algo" que pueda salvarse del infierno desatado. El Dr. rehace -como puede o como quiere su vida, ya es bien adulto. Los hijos tienen sobre sí el peso de una tragedia que, de todas las que por mi oficio conozco, es de una magnitud insospechable, y más aún, de muy difícil pronóstico para el futuro que les aguarda. A la prensa y a estos espacios debería serles vedada la exposición de ciertas fotografías y comentarios despiadadamente aberrantes. Ojalá algún día, por público que sea el acto a considerar, impere un mínimo grado de ética periodística y no el sensacionalismo barato, tan nocivo y lleno de frivolidad como la que a esta desgraciada familia se le atribuye, con o sin veracidad. Informar es el deber. El resto es alimentar patologías que desencadenan justamente hechos como el expuesto. Mis tardías pero sinceras condolencias a los seres inocentes involucrados. A los demás...NADIE ESTÁ EXENTO




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